
Niña frente a un espejo- Picasso.s
A fuerza de buscar un estilo natural, el malogrado poeta Trueno Martínez fijó su residencia en una aislada masía de la alta montaña turolense.
No fue hasta el advenimiento de las primeras nieves de febrero (o quizás las fiebres de los primeros trancazos) cuando experimentó su meteorológica revelación. Nunca vi nada estéticamente superior a un manto de inmaculada nieve.
Contraviniendo todas las normas de las más afamadas teorías del negro sobre blanco, Trueno Martínez reunió un arsenal de líquido corrector blanco y se infiltró en los círculos poéticos más bohemios para llevar a cabo su blanqueador plan.
Tras su primera y última intervención, el célebre poeta olvidado fue detenido y acusado de intoxicación masiva y odio estrófico. En su descargo, don Trueno declaró que nunca habría imaginado que los poetas bohemios escribieran tanto ni que los locales nocturnos tuvieran tan mala ventilación.