jueves, 17 de febrero de 2011

DESHUMANIZACIÖN

La llevaría a ese local semiiluminado en el que siempre pinchan versiones jazzeras de viejas canciones de los ochenta. No quería verla llorar, y sabía que lo haría en cuanto comenzara a explicarle que las cosas ya no eran como al inicio, que la ilusión se había ido archivando con todas esas facturas que tanto costaba pagar a fin de mes y con ese hijo que no llegaba nunca. Ella frunciría los labios y tragaría saliva, entornando los ojos en un último esfuerzo por no derramar una lágrima, pero yo le hablaría de Marta y eso desharía la última lazada de pudor que contendría su llanto. Entonces la abrazaría y le diría que lo siento, que me habría gustado que las cosas salieran de otra manera, que lo último que hubiera deseado en el mundo era verla sufrir. Pero que la vida era así. Y me fijaría en la sombra que atraviesaría su cara impidiéndome ver sus lágrimas, una sombra en forma de triángulo isósceles que recorrería su rostro desde el ojo izquierdo a la comisura del labio derecho. La misma sombra que he descubierto esta mañana en el espejo y que va devorándome el rostro.

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