sábado, 1 de junio de 2013

FIN

Las examina con los ojos de arriba a abajo, primero por delante y luego por detrás. Unas veces sólo mira y otras acaricia sus blancos cuerpos tatuados con la yema de los dedos. Sabe que ninguna de ellas lo seducirá lo suficiente como para no sentir curiosidad por la siguiente, y por la siguiente a la siguiente, así que acaba con todas ellas hasta llegar a la última.
Entonces cierra la tapa del pequeño ataúd, ahora infestado de hormigas negras, y lo coloca cuidadosamente en el nicho de la estantería.

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